CAMELLOS EN LA ALDEA

  Por José Antonio Quintana García joaquinta35@gmail.com



En diciembre de 2019  viajé temprano con Javier Marrero, gestor cultural y activista social, hacia la Aldea de San Nicolás, en Gran Canaria. Allá nos esperaba José Pedro Suárez Espino, maestro jubilado que ha creado 15 pequeños museos, junto con su esposa Lidia Sánchez, también docente durante su vida laboral.            El Proyecto de Desarrollo Comunitario La Aldea, por sus características, tal vez es único en el mundo.  Sobre este tema escribiré otras estampas. Hoy quiero contarles lo que observé en la casa rural convertida en Museo. 



                              




  Al final de una intensa jornada llegamos hasta la vivienda, típica casa del campesino canario. José Pedro logró reproducir las actividades cotidianas como el ordeño, de vacas y cabras, la producción de queso, el cultivo de maíz, aquí le llaman millo y es de suma importancia para elaborar gofio.                               



                                                                                                 Nos mostró los áperos de labranza, el lugar donde secaban las mazorcas (piñas), el sitio que almacenaba el forraje para alimentar a los animales. Asimismo nos enseñó las habitaciones. Todo parecía detenido en el tiempo. Pero, soy sincero, lo que más llamó mi atención fue la existencia de camellos. Hace años eran muy útiles para el traslado de cosechas, mercancías y también personas.  Fueron traídos de la costa   norte de África.                                                                                                                                En un corral descansaba uno de ellos. Con precaución y temeroso me acerqué para acariciar su piel.  Era manso y prefirió seguir acostado cuando el docente devenido en museógrafo continuó explicando detalles del universo antiguo de los canarios. 


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